Page 128 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Bichos —dijo—, o al menos eso dicen en el Circo de
Pulgas —cogió una de las cosas negras que había sacado
de la máscara y la pinchó con los dedos. Una nube
cenicienta salió de ella, como una gota de tinta en un
vaso de agua, y colgó girando en el aire, sin subir ni
bajar. Chispazos de luz brillaron en medio de ella como
polvo de hadas—. Ves, hay bichos alrededor, todo el
tiempo. Usan los fogonazos para hablar unos con otros
—le explicó Harv—. Están en el aire, en la comida y en
el agua, por todas partes. Hay reglas que se supone los
bichos deben respetar, y esas reglas se llaman protocolos.
Y hay un Protocolo muy antiguo que dice que se supone
que deben ser buenos con tus pulmones. Se supone que
deben romperse en trozos inocuos si los respiras —
Harv hizo una pausa al llegar a este punto,
teatralmente, para conjurar más flema negra, que Nell
supuso debía de estar lleno de trozos de bichos seguros
para la salud—. Pero hay gente que rompe las reglas de
vez en cuando. Que no siguen los protocolos. Y su‐
pongo que si hay demasiados bichos en el aire y todos
rompiéndose en los pulmones, millones; bien, es posible
que esos trozos seguros ya no sean tan seguros si hay
millones de ellos. Pero de cualquier forma, los tipos del
Circo de Pulgas dicen que en ocasiones los bichos entran
en guerra unos con otros. Como si alguien en Shanghai
fabrica un bicho que no sigue el Protocolo, y hace que
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