Page 124 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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permanecía sin daño pero todo lo que estaba cerca de él

               quedaba destrozado; de ahí lo de «rallador». La víctima

               emitía un ruido como el golpe de un látigo, al salir unos


               pocos  fragmentos  por  su  carne  y  encontrarse  con  la

               barrera del sonido en el aire. Los sorprendidos testigos

               podrían  volverse  justo  a  tiempo  para  ver  cómo  la


               víctima se ponía de color rosa. Medialunas de sangre

               comenzarían  a  aparecer  por  todo  el  cuerpo;  ésas


               marcaban la intersección geométrica de la detonación

               con la piel y eran un regalo para los forenses que podían

               así identificar el tipo de rallador comparando las marcas


               con útiles tablas. En aquel momento la víctima no era

               más que un saco de vísceras viscosas y sin diferenciar y,


               por supuesto, nadie sobrevivía.



                 Tales inventos habían provocado la preocupación de


              que  la  gente  de  la  phyle  A  pudiese  introducir

              subrepticiamente  unos  pocos  millones  de  dispositivos

              letales en los cuerpos de los miembros de la phyle B, dando


              el más dulce giro tecnológico al viejo y común sueño de

              ser  capaz  de  convenir  toda  una  sociedad  en  puré.  Se

              habían producido algunos ataques de ese tipo, se habían


              celebrado  algunos  funerales  masivos  con  ataúdes

              cerrados, pero no demasiados. Era difícil controlar esos


              dispositivos. Si una persona comía o bebía uno, podría

              acabar en su cuerpo, y luego podría llegar a la cadena


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