Page 231 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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navegar por el aire, pero aparte de eso, apenas podrían
haber sido más diferentes. Uno parecía una obra de la
naturaleza; tenía varios brazos extravagantes y elabora‐
dos, y poseía cuatro enormes y muy complejos
dispositivos de recepción separados en ángulos de
noventa grados.
—¡Los oídos de un murciélago! —exclamó Chang,
trazando sus curvas imposibles con la punta de un
palillo.
El juez Fang no dijo nada pero se recordó a sí mismo
que esa clase de aproximación rápida era el tipo de cosas
en las que Chang sobresalía.
—Parece usar la ecolocalización, justo como un
murciélago —admitió la señorita Pao—. El otro, como
puede ver, es de diseño radicalmente diferente.
El otro bicho parecía una nave espacial concebida por
Julio Verne. Tenía la forma aerodinámica de una gota,
un par de brazos manipuladores recogidos
cuidadosamente contra el fuselaje, y una profunda ca‐
vidad cilíndrica en la nariz que el juez Fang supuso sería
un ojo.
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