Page 37 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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Las ventanas estaban sucias y manchadas con oscuros
patrones. Podía sentir el leve zumbido terapéutico de
las médicos khepri en sus consultorios. Un humo dulce
se alzaba de la multitud: khepri, en su mayoría, pero
con algunas otras razas aquí y allí, investigando las
estatuas que llenaban la plaza: figuras animales y
vegetales, monstruosas criaturas de cinco metros de
altura. Algunos de los seres eran reales y otros
imaginarios, pero todos habían sido elaborados con
esputo khepri de brillantes colores.
Representaban horas y horas de labor comunitaria.
Grupos de mujeres khepri habían trabajado durante
días, hombro con hombro, mascando pasta y bayas de
color, metabolizando, abriendo las glándulas de la
parte trasera de sus cuerpos de escarabajo y
segregando un espeso (y mal llamado) esputo khepri,
que se endurecía al contacto con el aire en una hora,
dejando un material suave, frágil, de brillo perlado.
Para Lin, las estatuas representaban la dedicación y
la comunidad, imaginaciones en bancarrota
retirándose a una heroica grandiosidad. Por eso ella
vivía, comía y escupía su arte en soledad.
Dejó atrás los puestos de frutas y verduras, las
señales caligrafiadas con mayúsculas irregulares
prometiendo gusanos caseros de alquiler, los centros
de intercambio de arte, con todo el material necesario
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