Page 935 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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y la fuerza de la corriente lo derribó de espaldas; de su
brazo destrozado empezó a brotar savia, pero el
impulso de su terrible golpe condujo la hoja a través de
capas de grasa y sangre y hueso y abrió a Tansell un
enorme tajo en la carne de medio metro de longitud,
desde el hombro hasta más allá del esternón. La hoja
permaneció hincada por encima del estómago,
estremeciéndose.
Tansell gritó una vez, como un perro sobresaltado.
La oscura anti‐carga se derramó crepitando por la
enorme herida, que empezó a escupir sangre en un
vasto y goteante torrente. Los cactos se arremolinaron
a su alrededor, pateando y golpeando al hombre que
agonizaba a toda velocidad.
Isaac dejó escapar un grito de angustia y alargó los
brazos hacia lo alto del muro. Le hizo un gesto a
Lemuel. Miró abajo, hacia el oscuro patio. Derkhan y
Pengefinchess habían abierto el camino que conducía
hacia la ciudad subterránea.
Los cactos no habían abandonado la persecución.
Algunos de los que no estaban cebándose en el cuerpo
de Tansell seguían corriendo en su dirección, agitando
las armas hacia Isaac y Lemuel. Mientras este último
llegaba al muro, se alzó con fuerza el sonido de un arco
hueco. Hubo un chasquido carnoso. Lemuel gritó y
cayó.
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