Page 934 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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despidiendo no‐luz.

                Los cactos doblaron la esquina y aparecieron frente

            a él.


                La  vanguardia  del  grupo  se  vio  sorprendida  por

            aquella  extraña  figura  que  despedía  un  resplandor

            oscuro, de manos dobladas y agarrotadas como las de


            un vengativo esqueleto y que hacía crepitar el aire con

            taumaturgones.  Antes  de  que  pudieran  reaccionar,


            Tansell dejó escapar un gruñido y zigzagueantes rayos

            de  la  negra  energía  emanaron  de  su  cuerpo  en

            dirección a ellos.


                Trepidaron por el aire como relampagueantes bolas

            y golpearon a varios cactos. Las energías del maleficio


            estallaron contra sus víctimas y se disiparon por toda

            su piel en crepitantes venas. Los hombres cacto volaron

            varios metros hacia atrás y sus cabezas fueron a chocar


            contra los adoquines. Uno de ellos quedó inmóvil. Los

            demás se retorcieron, aullando de dolor.

                Tansell alzó los brazos todavía más y un guerrero se


            adelantó,  al  tiempo  que  blandía  su  hoja  de  guerra

            detrás  de  los  hombros.  La  balanceó  en  un  enorme  y

            poderoso arco.


                La pesada arma cayó sobre el hombro izquierdo de

            Tansell.  Instantáneamente,  al  contacto  con  su  piel,


            condujo  la  anti‐carga  que  recorría  el  cuerpo  del

            mercenario. El atacante se convulsionó poderosamente




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