Page 974 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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Pero ninguna contabilidad moral podía disminuir el

            horror de lo que estaba haciendo. Solo podía ignorar

            este ansioso discurso. Miró profunda y fervientemente


            a los ojos de la monja. Cerró con más fuerza su mano

            alrededor de sus dedos.

                Ayúdalos,  había  siseado.  Esto  puede  ayudarlos.


            Puedes ayudarlos a todo excepto a este o no podrás

            ayudar a ninguno. Ayúdalos.


                Y  después  de  un  largo,  larguísimo  momento  de

            silencio, de mirar a Derkhan con ojos atribulados, de

            mirar  el  mugriento  tesoro  y  la  pistola  y  luego  a  los


            agonizantes  enfermos  que  la  rodeaban  por  todas

            partes, la monja había guardado el dinero en el delantal


            blanco  con  mano  temblorosa.  Y  mientras  se  alejaba

            para despertar al paciente, Derkhan la había observado

            sintiendo un mezquino y terrible triunfo.


                ¿Ves?,  había  pensado,  enferma  de  autocompasión.

            ¡No he sido solo yo! ¡Ella también ha decidido hacerlo!




                Su nombre era Andrej Shelbornek. Tenía sesenta y

            cinco  años.  Sus  órganos  internos  estaban  siendo

            devorados por alguna clase de germen virulento. Era


            apacible  y  estaba  muy  cansado  de  preocuparse,  y

            después de dos o tres preguntas iniciales había seguido


            a Derkhan sin quejarse.

                Ella le habló someramente sobre el tratamiento que




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