Page 155 - Portico - Frederik Pohl
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Yo pasaba la mayor parte del tiempo libre con Klara.
Muchas veces nos reuníamos en su habitación, y de vez
en cuando en la mía, para pasar una hora en la cama.
Dormíamos juntos casi todas las noches; podría
pensarse que ya teníamos que estar hartos de aquello.
No lo estábamos. Al cabo de un rato yo no sabía con
exactitud por qué copulábamos, si por el mismo placer
de hacerlo o la distracción que se derivaba de la
contemplación de nuestras propias imágenes. Me
quedaba allí tendido y miraba a Klara, que siempre
daba media vuelta, se acostaba sobre mi estómago y ce‐
rraba los ojos después de hacer el amor, incluso cuando
teníamos que levantarnos a los dos minutos. Pensaba
en lo bien que conocía cada pliegue y la superficie de
su cuerpo. Olía aquel aroma dulce y erótico que se
desprendía de ella y deseaba... ¡Oh, no sé lo que
deseaba! Deseaba cosas que sólo podía entrever: un
apartamento bajo la Gran Burbuja en compañía de
Klara, una celda en un túnel de Venus en compañía de
Klara, incluso toda una vida en las minas de alimentos
en compañía de Klara. Me imagino que eso era amor.
Pero después seguía mirándola, y la imagen que mis
ojos veían se transformaba, y lo que veía era el
equivalente femenino de mí mismo: un cobarde a
quien se le ofrece la mayor oportunidad que un
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