Page 157 - Portico - Frederik Pohl
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Heechee más común; nadie sabía para qué servían,
excepto que eran bastante bonitos, pero los Heechees
los habían dejado por todos lados. Estaba el punzón
anisokinético, que ya había proporcionado más de
veinte millones de dólares en regalías a un afortunado
prospector. Un objeto que te cabía en el bolsillo. Pieles.
Plantas en formalina. El piezófono original, que había
hecho inmensamente ricos a los tres miembros de la
tripulación que lo encontró.
Las cosas más fáciles de robar, como los molinetes de
oraciones, los diamantes de sangre y las perlas de
fuego, estaban guardadas tras unos resistentes cristales
irrompibles. Creo que incluso estaban conectados a las
alarmas contra ladrones. Esto era algo asombroso en
Pórtico. Allí no hay ninguna ley, aparte de la impuesta
por la Corporación. Existe el equivalente de los policías
de la Corporación, y existen reglas ‐ no se debe robar ni
asesinar ‐, pero no hay tribunales. Si quebrantas una
regla, todo lo que sucede es que la fuerza de seguridad
de la Corporación te detiene y te mete en uno de los
cruceros orbitales. El tuyo, si hay alguno de tu lugar de
procedencia. Cualquiera, si no lo hay. Pero si no
quieren aceptarte, o tú no quieres irte en la nave de tu
propia nación y logras que otra nave te lleve, a Pórtico
no le importa. En los cruceros, te someterán a un juicio.
Puesto que tu culpabilidad queda establecida por
adelantado, tienes tres posibilidades. Una es pagarte el
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