Page 156 - Portico - Frederik Pohl
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humano puede tener, y que está demasiado asustado
para aprovecharla.
Cuando no estábamos en la cama paseábamos juntos
por Pórtico. No hacíamos nada extraordinario. Casi
nunca íbamos al Infierno Azul, ni a las salas de
holopelículas, ni siquiera a comer fuera. Klara lo hacía.
Yo no podía permitirme ese lujo, así que tomaba la
mayor parte de las comidas en los refectorios de la Cor‐
poración, ya que estaban incluidas en el precio de mi
per cápita. A Klara no le importaba pagar la cuenta de
los dos, pero tampoco se puede decir que estuviera
ansiosa por hacerlo; jugaba grandes cantidades de
dinero y no ganaba demasiado. Había grupos con los
que podías reunirte: partidas de cartas o simples
fiestas; grupos de danzas folclóricas, grupos que
escuchaban música, grupos que discutían. Eran gratis
y a veces interesantes. O bien nos limitábamos a
explorar.
La primera vez que fuimos allí era poco después de
que hubiera abandonado el trabajo, el día que partió
Willa Forehand. Normalmente el museo estaba lleno
de visitantes, como tripulantes de los cruceros con
permiso, tripulantes de naves comerciales, o turistas.
Esta vez, por alguna razón, sólo había un par de
personas, y tuvimos la oportunidad de mirarlo todo.
Molinetes de oraciones a cientos, aquellos pequeños
objetos cristalinos y opacos que eran el artefacto
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