Page 28 - Portico - Frederik Pohl
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El crucero brasileño no se molestó por ello. Vimos
unos relampagueos y comprendimos que nos estaban
examinando por láser.
Esto era normal. Yo dije que los cruceros buscaban
ladrones, pero en realidad lo que hacían era vigilarse
entre sí más que preocuparse por los demás. Nosotros
incluidos. Los rusos sospechaban de los chinos, los
chinos sospechaban de los venusianos. Y todos
sospechaban de los norteamericanos.
Seguramente los otros cuatro cruceros vigilaban más
a los brasileños que a nosotros. Pero todos sabíamos
que si nuestros pasavantes cifrados no hubiesen
coincidido con los patrones registrados por sus cinco
diferentes consulados en el puerto de salida de la
Tierra, el siguiente paso no habría sido una discusión.
Habría sido un torpedo.
Es gracioso. Yo podía imaginarme aquel torpedo.
Podía imaginarme al guerrero de mirada glacial que
apuntaría y lo lanzaría, y cómo nuestra nave explotaría
en una llamarada de luz naranja y todos nos
convertiríamos en átomos separados describiendo una
órbita... Sólo que estoy bastante seguro de que por
aquel entonces el torpedista de aquella nave era un
ayudante de armador llamado Francy Hereira. Más
adelante llegamos a ser muy buenos camaradas. No era
lo que se llamaría un asesino de mirada glacial. Lloré
en sus brazos todo el día, en mi habitación del hospital,
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