Page 29 - Portico - Frederik Pohl
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cuando llegué del último viaje y se suponía que él me
estaba buscando por contrabandista. Francy lloró
conmigo.
El crucero se alejó y nosotros nos relajamos, pero
enseguida volvimos a la ventana de los asideros, ya
que nuestra nave se estaba acercando a Pórtico.
‐ Parece un caso de viruela ‐ dijo alguien del grupo.
Y en efecto, lo parecía; y algunas de las marcas
estaban abiertas. Eran los anclajes de las naves que
habían salido para una misión. Algunos de ellos
estarían abiertos para siempre, porque las naves no
regresarían. Pero la mayoría de marcas estaban
cubiertas por bultos que semejaban hongos.
Esos hongos eran las propias naves, la razón de ser de
Pórtico.
Las naves no eran fáciles de ver. Tampoco lo era
Pórtico. Para empezar tenía un albedo bajo, que no era
muy grande: como ya he dicho, unos diez kilómetros
de longitud máxima y la mitad en su ecuador de
rotación. Pero podría haber sido detectado. Cuando
aquella primera rata de túnel les condujo hasta él, los
astrónomos empezaron a preguntarse por qué no
habría sido descubierto un siglo antes. Ahora que
saben dónde buscarlo, lo encuentran. A veces, desde la
Tierra se ve brillante como de la decimoséptima
magnitud. Es fácil. Cabría suponer que lo localizarían
en el primer programa cartográfico rutinario.
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