Page 313 - Portico - Frederik Pohl
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‐ ¿Tienes el valor de decirme una cosa así? ¿Acaso no
vienes de estar con una prostituta barata?
Esto me cogió desprevenido.
‐ ¡No hubo nada de barato en ello! Fue consolar a
alguien que estaba triste.
Se echó a reír. El sonido me resultó desagradable; la
cólera es indigna.
‐ ¿Louise Forehand? Hizo de prostituta para venir
aquí, ¿lo sabías?
La niña había cogido la pelota y nos miraba fijamente.
Comprendí que estaba asustada. Haciendo un esfuerzo
para evitar que la ira se reflejase en mi voz, dije:
‐ Klara, no permitiré que me pongas en ridículo.
‐ Ah. ‐ respondió con mudo desprecio, dando media
vuelta para marcharse.
Extendí un brazo con la intención de detenerla, pero
ella sollozó y me pegó, con toda su fuerza. El golpe me
alcanzó en el hombro.
Esto fue un error.
Siempre lo es. No se trata de lo que es racional o no,
de lo que está justificado o no; es una cuestión de
señales. Era la peor señal que podía darme. El motivo
por el cual los lobos no se matan unos a otros es que el
más pequeño y débil siempre se rinde. Da varias
vueltas sobre sí mismo, se descubre la garganta y agita
las patas en el aire para señalar que está vencido.
Cuando esto ocurre, el vencedor es físicamente incapaz
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