Page 390 - Portico - Frederik Pohl
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y dijo ‐: Le faltan diez minutos. Yo iba a tomar una
copa.
Acepté la invitación, y nos repartimos un frasco de
vino. Mientras él removía el estofado y añadía un
pellizco de sal, yo seguí examinando las estrellas. Aún
estábamos cerca de la velocidad máxima y en la
pantalla no había nada que pareciese una constelación
familiar, ni siquiera una estrella; pero todo empezaba a
parecerme conocido y maravilloso. No sólo a mí, sino
a todos. Nunca había visto a Dane tan alegre y relajado.
‐ He estado pensando mucho ‐ contestó ‐. Un millón
es bastante dinero. Después de esto volveré a Siracusa,
haré el doctorado y buscaré un empleo. En algún sitio
habrá una escuela donde necesiten un poeta o un
profesor de inglés que haya tomado parte en siete
misiones. Algo me pagarán, y esto me mantendrá
durante el resto de mi vida.
Yo no había oído más que una sola palabra, y le
interrogué con sorpresa:
‐ ¿Un poeta?
Él esbozó una sonrisa.
‐ ¿No lo sabías? Así llegué a Pórtico; la Fundación
Guggerheim me pagó el viaje. ‐ Sacó la cazuela del
fuego, repartió el estofado en dos platos, y empezamos
a comer.
Éste era el tipo que había estado chillando
airadamente a los dos Danny durante más de una hora,
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