Page 395 - Portico - Frederik Pohl
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ser tan azul y opaco. Te dolían los ojos al mirarlo, no a

            causa de su luminosidad. Te dolían los ojos por dentro,


            hasta el conducto óptico; el dolor estaba centrado en el

            mismo cerebro.

               Metchnikov desconectó la radio y, en el silencio que


            siguió oí que Danny A. decía patéticamente:

               ‐ ¡Dios mío! Estamos perdidos. Es un agujero negro.






               Capítulo 29




               ‐ Con  tu permiso,  Bob ‐  dice Sigfrid ‐, me gustaría

            estudiar algo contigo antes de que me ordenes conectar


            el programa pasivo.

               Me estremezco de pies a cabeza; el hijo de perra me

            ha adivinado el pensamiento.


               ‐  Observo ‐  prosigue  casi  inmediatamente ‐  que

            sientes cierta aprensión. Esto es lo que querría estudiar.


               Es increíble, pero trato de no ofenderle. A veces me

            olvido de que es una máquina.

               ‐  No  me  imaginaba  que  pudieras  saberlo ‐  me


            disculpo.

               ‐  Claro  que  lo  sé,  Bob.  Cuando  me  das  la  orden


            correcta obedezco, pero nunca me has ordenado que

            deje de grabar e integrar datos. Supongo que no posees

            esa orden.


               ‐ Supones bien, Sigfrid.




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