Page 391 - Portico - Frederik Pohl
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hacía dos días, mientras Susie y yo esperábamos
aislados y enfadados en el módulo, escuchando. Todo
se debía al cambio de posición. Estábamos seguros, el
combustible no se terminaría antes del regreso, y no
teníamos que preocuparnos por encontrar nada, pues
nuestra bonificación estaba garantizada. Le pregunté
por sus poesías. No quiso recitarme ninguna, pero me
prometió enseñarme las copias de las que había
enviado a la Fundación cuando volviéramos a Pórtico.
Una vez terminamos de comer y hubimos lavado la
cazuela y los platos, Dane consultó su reloj.
‐ Aún es pronto para despertar a los otros ‐ dijo ‐, y
no tenemos absolutamente nada que hacer.
Me miró, sonriendo. Fue una verdadera sonrisa, sin
asomo de ironía en ella; yo me acerqué a él, y me senté
en el cálido e invitador círculo de su brazo.
Los diecinueve días siguientes pasaron tan
rápidamente como una hora, y después el reloj nos dijo
que estábamos a punto de llegar. Todos nos
encontrábamos despiertos, amontonados en la cápsula,
impacientes como niños en Navidad, ansiosos por abrir
sus regalos. Había sido el viaje más feliz de mi vida, y
probablemente el más feliz de todos los que se habían
hecho y se harían.
‐ ¿Sabéis una cosa? ‐ comentó Danny R.,
pensativamente ‐. Casi siento haber llegado.
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