Page 394 - Portico - Frederik Pohl
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‐ La radio ‐ dijo Danny, y Metchnikov, frunciendo el

            ceño, alzó la mirada y vio la luz.


               ‐  Conéctala ‐  exclamé  yo.  La  voz  que  oía  podía

            pertenecer a Klara.

               Metchnikov, sin desarrugar el entrecejo, se acercó al


            interruptor,  y  entonces  observé  que  la  hélice  había

            adoptado un color dorado más brillante que nunca, de


            un tono pajizo, como si estuviera incandescentemente

            caliente.  No  despedía  calor  alguno,  pero  el  color

            dorado se hallaba atravesado por líneas de un blanco


            purísimo.

               ‐ Esto es muy extraño ‐ comenté, señalándolo.

               No sé si me oyó alguien; la radio emitía descargas


            estáticas,  y  dentro  de  la  cápsula  el  ruido  era

            ensordecedor. Metchnikov ajustó la sintonización y el

            volumen.


               Por encima de las descargas estáticas oí una voz que

            no reconocí en el primer momento, pero que resultó ser


            la de Danny A.

               ‐ ¿Lo habéis notado? ‐ gritó ‐. Son ondas de gravedad.

            Tenemos dificultades. ¡Interrumpe el examen!


               Le obedecí.

               Para entonces la pantalla de la nave había girado y


            mostraba algo que no era una estrella ni una galaxia.

            Era  una  masa  de  luz  clara  que  brillaba  tenuemente,

            moteada, inmensa y aterradora. Incluso a primera vista


            me di cuenta de que no era un sol. Ningún sol puede




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