Page 411 - Portico - Frederik Pohl
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‐ ¿Por qué, Bob?

               ‐ Por llorar de este modo.


               Estoy  físicamente  agotado.  Es  como  si  hubiera

            corrido  quince  kilómetros  a  través  de  una  tribu  de

            enloquecidos  indios  chactas  que  me  golpearan  con


            porras.

               ‐ ¿Ya te sientes mejor, Bob?


               ‐  ¿Mejor? ‐  Reflexiono  un  momento  sobre  esa

            estúpida pregunta, después hago inventario y, aunque

            ello me sorprende, me doy cuenta de que así es ‐. Pues


            sí. Creo que sí. No puedo decir que me sienta bien, pero

            sí mejor.

               ‐ Tómatelo con calma unos minutos, Bob.


               Me llama la atención la estupidez de este consejo, y

            así se lo digo. Tengo la misma energía de una pequeña

            y artística medusa que lleva muerta una semana. No


            puedo hacer otra cosa más que tomármelo con calma.

               Sin embargo, me encuentro mejor.


               ‐  Me  siento ‐  digo ‐  como  si  al  fin  me  hubiera

            enfrentado a mi culpa.

               ‐ Y has sobrevivido.


               Lo medito unos instantes.

               ‐ Creo que sí ‐ contesto.


               ‐ Estudiemos esta cuestión de la culpabilidad, Bob.

            ¿De qué te sientes culpable?

               ‐ ¡De haber matado a nueve personas para salvarme


            yo, imbécil!




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