Page 63 - Portico - Frederik Pohl
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‐  Si  he  comprendido  bien  tu  pregunta,  Robbie,

            quieres saber si alguien recuerda su infancia como una


            experiencia  fácil  y  dichosa,  y,  por  supuesto,  la

            respuesta es que no. Pero hay gente que sufre menos

            que otra los efectos en su vida.


               ‐  Sí,  pensándolo  bien,  creo  que  el  grupo  de  los

            mayores me daba un poco de miedo. ¡Lo siento, Sigfrid!


            Me refiero a los otros chicos. Todos parecían conocerse

            entre sí. Siempre se decían cosas. Secretos. Experiencias

            e intereses compartidos. Yo era un niño solitario.


               ‐ ¿Eras hijo único, Robbie?

               ‐ Ya sabes que sí. Claro, quizá fue eso. Mis padres

            trabajaban. Y no les gustaba que yo jugase cerca de las


            minas. Era peligroso. Es cierto, era peligroso para los

            niños;  se  pueden  hacer  daño  con  esas  máquinas,  o

            resbalar  entre  los  desechos  o  respirar  gases.  Estaba


            mucho  en  casa,  mirando  telespectáculos  y  tocando

            cintas.  Y  comiendo.  Era  un  niño  gordo,  Sigfrid,  me


            encantaban  las  cosas  dulces,  llenas  de  almidón  y

            calorías.  Me  mimaban  demasiado,  dándome  más

            comida de la necesaria.


               Todavía me gusta que me mimen. Ahora observo un

            régimen mucho más selecto, que no engorda tanto y es


            mil veces más caro. He comido caviar auténtico. Con

            frecuencia.  Procede  del  acuario  de  Galveston.  Bebo

            champaña auténtico y como mantequilla...







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