Page 62 - Portico - Frederik Pohl
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‐ Prefiero que no uses términos psiquiátricos, Bob.

               ‐  Bueno,  ya  sabes  qué  quiero  decir.  Sabía  que  iba


            pasando  el  tiempo.  Cuanto  más  me  quedara  en  las

            minas, tanto más difícil me resultaría salir. Pero nada

            me parecía mejor. Y había compensaciones. Mi novia


            Sylvia.  Mi  madre,  mientras  vivió.  Amigos.  Incluso

            algunas  cosas  muy  graciosas.  Planear.  Es  magnífico


            sobre las colinas, y cuando se está a la altura suficiente,

            Wyoming no tiene tan mal aspecto y apenas se huele el

            petróleo.


               ‐ Has mencionado a tu novia, Sylvia. ¿Os llevabais

            bien?

               Vacilo, rascándome la barriga. Aquí dentro tengo casi


            medio metro de intestino nuevo. Estas cosas cuestan un

            montón de dinero y a veces se tiene la sensación de que

            su  anterior  dueño  quiere  que  se  las  devuelvas.  Te


            preguntas  quién  era  él.  O  ella.  Cómo  murió.  ¿O  no

            murió? ¿Es posible que aún esté vivo, tan pobre que ha


            de vender partes de sí mismo, como he oído decir que

            hacen las chicas guapas con una oreja o un pecho bien

            modelado?


               ‐ ¿Te resulta fácil hacer amistad con chicas, Bob?

               ‐ Ahora sí, desde luego.


               ‐ Ahora no, Bob. Creo que me dijiste que de niño no

            hacías amistades con facilidad.

               ‐ ¿Acaso las hace alguien?








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