Page 444 - Kraken - China Mieville
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—No hacemos nada «al respecto». ¿«Al
respecto» de qué? Déjame decirte una cosa.
El abuelo de Dane, dijo, había sido testigo de lo
peor de más de una contienda. Cuando acabó la
segunda guerra mundial, los grandes conflictos
religiosos de Londres no acabaron, y la Iglesia del
Dios Kraken se había enzarzado en una lucha
brutal con los seguidores de Leviatán. Ganchos de
barbas de ballena contra curtidos látigos
tentaculares, hasta que Parnell padre llevó a cabo
una incursión en la línea de marea de Essex y dejó
al vicario de Leviatán muerto en el suelo. Su
cuerpo fue hallado cubierto de rémoras clavadas
por todas partes, también muertas, colgando como
bubas marinas.
Estas historias entonadas, estas historias se
convertían en anécdotas de cantina, en el tono de
un borracho fanfarrón y entrañable; eran lo más
que se acercaba Dane a dar muestras de su fe.
—No tiene nada de cruel, me dijo —siguió
Dane—. No era nada personal. Habría sido igual
abajo, en el cielo.
Abajo en el oscuro, gélido cielo, donde
combatían dioses, santos y ballenas.
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