Page 125 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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exposición, sin los límites del gevulot, le provoca algo


           parecido al vértigo.



           En el interior no hay ninguna catedral de diamante.


           Se  encuentra  en  la  entrada  de  un  vasto  espacio


           abierto, con tuberías y cables en las paredes y el techo


           elevado. El aire es caliente y huele a ozono y a sudor


           rancio.  El  suelo  está  cubierto  de  una  desagradable


           viscosidad. Hay tenues luces de neón, y aparatosas


           pantallas planas de aspecto antiguo en mesas bajas,


           mostrando  personajes  toscamente  animados  o


           danzarinas formas abstractas. Una música estridente


           con un ritmo inductor de jaquecas inunda el espacio.



           Los  invitados  a  la  fiesta  caminan  entre  las  mesas,


           conversando entre sí. Por sorprendente que parezca,


           todos lucen un aspecto… humano. Cuerpos pálidos


           ceñidos  por  bikinis  de  cota  de  malla  de  confección


           casera. Algunos portan espadas acolchadas. Otros se


           cubren con cajas de cartón. Pero todos ellos cargan


           con unas cajas con cables, o tienen paneles de circuitos


           sujetos a sus cinturones.




           —Hey. ¿Quieres entrelazarte conmigo?



           La  chica  parece  un  elfo  rollizo  de  pelo  rosa.  Luce


           grandes  orejas  de  gato,  maquillaje  en  exceso  y  una


           incómoda camiseta ceñida en la que una fémina de


           ojos gigantes está haciendo algo obsceno con… algo.


           También luce unos fálicos cohetes plateados gemelos






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