Page 120 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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dotadas de forma física. La luz crepuscular se refracta
y rebota entre las brillantes superficies de los
edificios, prismática y deslumbrante. La colonia zoku
lleva aquí más de veinte años, desde que solicitaran
asilo durante la Guerra de los Protocolos; pero los
rumores dicen que surgió de una nanosemilla en una
sola noche. Una astilla del imperio de tecnología
cuántica que gobierna los planetas exteriores, aquí en
Marte. Desde que empezó a salir con Pixil, Isidore ha
intentado comprender la extraña antijerarquía de los
zokus, pero sin mucho éxito.
Tras varios saltos vertiginosos más, el aracnotaxi se
detiene ante un edificio similar a una catedral de luz
y cristal, con torres, agujas y arcos góticos de aspecto
orgánico que sobresalen de sus costados a intervalos
caprichosos.
—Bueno, ya hemos llegado —dice la taxista—.
Amigos en las altas esferas, ¿eh? No dejes que te
cuantifiquen el cerebro.
Isidore paga y ve, desolado, cómo salta hacia abajo la
manilla de su Reloj. Recoge la caja de bombones del
suelo y evalúa los daños. Está ligeramente abollada,
pero intacta por lo demás. No iba a notar la diferencia,
de todos modos. Se apea de un salto, cierra la puerta con
más fuerza de la necesaria y empieza a subir por la
escalera que conduce a un gigantesco par de puertas.
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