Page 140 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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una libreta, anticuada, hecha de papel. Eso sólo puede
significar una cosa, e incluso a pesar de su cerebro
embotado Isidore comprende que ha cometido un
error.
—Eres un periodista —dice. La inercia desaparece, y
el agua se traga la piedra saltarina. Siente la cabeza
pesada. En un mundo de intimidad perfecta, sigue
habiendo agujeros analógicos, y la edición de
periódicos es uno de los crímenes tolerados más
lucrativos de la Oubliette. Llevan detrás de él desde
su primer caso con los ladrones de alta costura. Pero
nunca han conseguido traspasar su gevulot. Hasta
ahora.
—Sí, lo soy. Adrián Wu, del Heraldo de Ares. —Saca
una cámara anticuada de su bandolera, otro truco
para burlar el gevulot. El flash ciega a Isidore por un
momento.
Isidore le golpea. O lo intenta: se levanta de un salto
y ataca con ferocidad, intentando conectar. Se le
doblan las piernas. Agarra el objeto más próximo —el
monitor de ordenador de la mesa— y cae al suelo con
él con estruendo. Lucha por ponerse de pie, buscando
la cámara de Adrián.
—Dame eso.
—Claro, te lo daré. A ti y a otros cincuenta mil
lectores, mañana. ¿Sabes? Nos morimos por
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