Page 155 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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entrenamiento: horas y más horas de programación,
formando bloques de códigos y secuencias de
símbolos en sus mentes, recibiendo orgásmicas
descargas de placer a través del estimulador
magnético transcraneal del gorro por cada éxito y
experimentando un pequeño infierno por ser lentos o
fallar. Estaba prohibido hablar en clase, sólo coros de
gritos de agonía y éxtasis.
Por lo general estaban listos en seis semanas,
quemaduras permanentes en sus cabezas afeitadas de
sienes combadas, ojos entrecerrados brincando como
en la fase REM del sueño. Luego se los llevaba al
Doctor Celestial uno por uno, diciéndoles que ahora
recibirían el don de la inmortalidad. Ninguno
regresaba jamás de la tienda del Doctor. Por la noche
Xuexue activaba el enlace de datos superdenso del
satélite corporativo para enviar los petabytes
cosechados de los jóvenes cerebros, gógoles frescos
para tejer códigos en las granjas de software de la nube.
A continuación se concedía un breve olvido, logrado
con vino de arroz barato y drogas sintéticas, antes de
volver a enfrentarse al mundo.
Diez años de trabajo para la compañía, y alcanzaría su
propia inmortalidad verdadera. Una transferencia de
Moravec de alta fidelidad, sin fisuras en su
consciencia, una lenta cirugía en la que sus neuronas
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