Page 168 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Lo siento, es un acto reflejo. Supongo que aumenta


           el reto. —Me masajeo la cara magullada—. ¿Cuánto


           tarda en sanar este cuerpo?



           —Tanto  como  a  mí  me  parezca  oportuno.  —Se


           arrellana  en  el  asiento—.  Además,  ¿qué  tiene  de


           especial? Robar, digo.



           —Es… —Es un instinto, me dispongo a decir. Es como


           hacer el amor. Es transformarme en algo más de lo que soy.


           Es arte. Pero no lo entendería, de modo que me limito


           a repetir la tan manida boutade—: Es mostrar respeto


           por  la  propiedad  ajena.  Sólo  que  para  poder


           respetarla como es debido antes debo convertirla en


           mi propiedad.




           Tras mis palabras, guarda silencio y se dedica a ver


           pasar el paisaje a trompicones.



           El edificio del hotel es una mole que se yergue junto


           al puerto de planeadores en el que desembarcamos


           tras pasar por la estación del faséolo. Las habitaciones


           que hemos reservado cerca de la azotea son inmensas


           y  cuestan  una  cantidad  de  Tiempo  desorbitada.


           Aunque les falte opulencia, para mi gusto (son todo


           líneas estilizadas y superficies de cristal firmadas por


           diseñadores xantheanos), por lo menos cuentan con


           una  fabricadora  que  me  permitirá  remplazar  mi


           atuendo.










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