Page 170 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Mientras  estemos  juntos  en  esto,  la  intimidad  no


           existe.  ¿Entendido?  Si  considero  que  necesito  esa


           información, me contarás hasta el último recuerdo de


           tu niñez, hasta la última fantasía masturbatoria y el


           último  momento  de  vergüenza  que  pasaste  en  la


           adolescencia. ¿Ha quedado claro?



           —Me pregunto —digo muy despacio, con tacto— si


           no habrá algo que empañe tu profesionalidad. Y me


           gustaría señalar, además, que no fui yo el que la pifió


           durante la fuga de la Prisión. Sólo soy el que nos sacó


           de allí.



           Me  libera  y  se  queda  abstraída,  mirando  por  la


           ventana.  Aprovecho  para  incorporarme  y  sacar  un


           trago de la fabricadora, coñac de la era de la Corona,


           sin ofrecerle una copa. Vuelvo a estudiar el Reloj. En


           una  cuadrícula  de  siete  por  siete  se  dan  cita  los


           símbolos  del  zodiaco,  Marte,  Venus  y  otros  que  no


           reconozco. Debajo, en cursiva: Para Paul, con cariño, de


           Raymonde. Y otra vez esa palabra, «Thibermesnil», en


           letra caligrafiada.




           ¿Te importaría echarle un vistazo a esto?, susurro para


           Perhonen.  Tú  aún  puedes  dirigirme  la  palabra  sin


           necesidad de pegarme, ¿verdad?



           No me hace falta pegarte, dice la nave. Para eso están los


           láseres.  Miraré  a  ver  qué  encuentro.  Su  voz  suena


           demasiado arisca, incluso para tratarse de ella: no me






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