Page 231 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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está  de  impulsarme  a  besarla.  Lo  habría  hecho,


           seguro,  de  no  ser  por  las  imágenes  que  todavía


           parpadean  en  mi  mente:  imágenes  en  las  que  le


           arranca un brazo de cuajo a una niña y lo emplea para


           aporrear a tres personas hasta la muerte. En cualquier


           caso, cierra los ojos por un momento y siento que algo


           hace  clic  dentro  de  mi  cabeza.  No  se  trata  de  nada


           excesivo, nada comparable a la efímera libertad sin


           límites que experimenté mientras luchábamos con los


           arcontes,  pero  percibo  algo.  Un  incremento  en  mi


           consciencia del yo, una insinuación de control. Ahora


           sé  que  bajo  la  piel  de  este  cuerpo  se  extiende  un


           entramado  de  puntos‐q  —átomos  artificiales


           diseñados  para  asumir  una  amplia  gama  de


           propiedades físicas— capaz de imitar cualquier tipo


           de epidermis, tenga el color, la forma o el aspecto que


           tenga.



           Mieli anuncia que necesita recargar los sistemas y que


           ha  sufrido  daños  que  requieren  tiempo  para


           restañarse,  de  modo  que  se  acuesta  enseguida.


           Perhonen todavía guarda silencio, ocupada sin duda


           en  dar  esquinazo  a  los  centinelas  orbitales;  o


           pirateando  sus  sistemas  e  introduciendo  en  ellos


           convincentes  excusas  inventadas  para  explicar  por


           qué  la  perdieron  por  unos  instantes.  Así  que,  por


           primera vez desde que me fugara de la Prisión, estoy


           solo.






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