Page 230 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 230
Mieli frunce el ceño.
—De acuerdo. Cuando hayamos regresado,
averiguaré qué puedo hacer. Larguémonos de aquí de
una vez. Creo que no dejamos ningún rastro público
fuera del gevulot, pero los tzaddikim no parecen
regirse por las mismas normas. Preferiría no tener que
vérmelas también con ellos.
—¿Nos vamos volando?
Me agarra del hombro con fuerza y me arrastra hasta
el borde del tejado. Debe de haber unos cien metros
de caída hasta la calle.
—Puedes intentarlo, si te apetece —me dice—. Pero te
recuerdo que ese cuerpo no tiene alas.
Esa noche, en el hotel, me preparo una cara nueva.
Regresamos dando un rodeo, al amparo de un
gevulot integral, deteniéndonos en la mitad de las
vistas de la ciudad: una precaución paranoica en
exceso, puesto que nadie debería ser capaz de
reconocernos tras nuestro inexpugnable parapeto,
pero Mieli insiste. También levanta una misteriosa
batería de defensas, consistente en unos puntitos de
luz que brotan de sus manos y comienzan a patrullar
las puertas y las ventanas.
—No los toques —me advierte, sin necesidad. Lo que
hace a continuación es algo mágico, algo que a punto
230

