Page 291 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 291
anebladores se desbande. Mieli agarra un puñado, se
lo traga y pone un gógol a trabajar en ellos. Allí. La
niebla de combate es una antigualla de la Guerra de
los Protocolos. El gógol tardará unos instantes en
encontrar las contramedidas adecuadas.
Con las alas ya despejadas, Mieli se libera del
suficiente calor residual como para acelerar el tiempo
de nuevo. Ahora puede acercarse a la tzaddik
caminando a placer, y agacharse bajo los tentáculos
de anebladores estáticos que flotan en el aire ante su
vista aumentada como procesiones de pompas de
jabón congeladas. La tzaddik se ha convertido en una
estatua enmascarada. Mieli lanza su ataque, un golpe
medido contra la base del cuello, blando y humano,
lo justo para dejarla inconsciente…
… y su mano atraviesa el espejismo de anebladores.
El ataque de Gödel es un altavoz de 120 decibelios
presionado contra sus tímpanos. Sus sistemas se ven
inundados de virus de algoritmos genéticos que
intentan sortear sus defensas mecánicas y penetrar en
su cerebro humano. La voz quejumbrosa del gógol de
contramedidas dice algo. Mieli lo arroja contra la
niebla y apaga todos sus sistemas.
La brusca sensación de humanidad es como un mal
resfriado. Por un momento Mieli yace impotente en la
presa de los tentáculos de anebladores, con las alas
291

