Page 290 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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miniatura, pero la niebla resiste y se transforma en


           una  nube  blanca  opaca  que  envuelve  el  foco  del


           resplandor y reduce el nivel de luminosidad al de una


           simple  lámpara  de  lava.  Acto  seguido,  también  los


           disipadores del calor residual de sus alas se obturan,


           y  Mieli  se  ve  obligada  a  regresar  a  la  normalidad


           temporal.



           El  impacto  potenciado  por  los  anebladores  de  la


           tzaddik es como la colisión de un cometa oortiano.


           Mieli atraviesa las estanterías de cristal y la pared que


           hay al otro lado. La nube de fragmentos de escayola y


           cerámica parece arena mojada. Su armadura profiere


           un  alarido  ante  la  fractura  real  de  una  costilla


           entreverada  de  piedra  simbionte.  El  metacórtex


           amortigua el dolor; Mieli se levanta en medio de un


           diluvio  de  escombros.  Está  en  el  cuarto  de  baño,


           desde  cuyo  espejo  le  devuelve  la  mirada  un  ángel


           monstruoso.



           Más impactos. Aunque intenta bloquearlos, fluyen y


           serpentean alrededor de sus brazos. La tzaddik está


           fuera de su alcance. Los anebladores se transforman


           en  extensiones  amorfas  de  su  voluntad.  Mieli  se


           enfrenta a un espectro. Necesita espacio. Canaliza la


           energía del reactor de fusión de su muslo hacia los


           microventiladores  de  las  alas.  Con  un  aullido,  el


           tornado  resultante  consigue  que  el  enjambre  de









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