Page 287 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 287
También hay libros y un viejo piano, cuya superficie
de caoba no podría desentonar más en medio de tanto
vidrio y metal. Raymonde está permitiéndome ver y
recordar todo esto, y siento cómo el motor de los
piratas de gógoles se acerca a su masa crítica,
prácticamente listo para vampirizar todas sus
memorias.
La música empieza a sonar, casi un susurro al
principio, más alta después: una pieza para piano,
una bella melodía rota por ocasionales notas
disonantes dolorosamente intencionadas.
—Bueno, Raoul, cuéntame —dice mientras se sienta
junto a mí con una bata de seda negra, sosteniendo
dos copas de champán—, ¿exactamente qué tiene de
malo? —Las suaves luces de los Aletargados se
mueven a nuestros pies en la noche azul, miles de
ellas, grandes y pequeñas, como un firmamento
estrellado invertido.
—Nada en absoluto —respondo. Brindamos con un
tintineo. Sus dedos rozan los míos. Vuelve a besarme,
más despacio esta vez, recreándose, acariciándome la
sien con una mano.
—Quiero recordar esto —dice—. Y quiero que tú
también lo recuerdes.
Siento el peso de su cuerpo sobre mí, cálido y
delicado, el bosque de pinos de su perfume, los
287

