Page 292 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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colgando  fláccidas  a  su  espalda,  hasta  que  las


           contramedidas  surten  efecto  y  la  niebla  explota  en


           una  nube  de  polvillo  blanco  inerte.  Cae  al  suelo


           jadeando, tosiendo, reducida a un montón de carne y


           hueso.



           La devastación absoluta reina en la estancia: muebles


           astillados, cristales rotos y niebla muerta. La tzaddik


           se yergue en medio del caos, sostenida por su bastón.


           También  ella  es  meramente  humana  ahora.  Contra


           todo  pronóstico,  reacciona  enseguida  y  se  abalanza


           sobre Mieli como una exhalación, arrastrando los pies


           como un luchador de kendo, enarbolando el bastón.



           Desde el suelo, Mieli intenta barrer las piernas de la


           mujer  de  la  máscara  de  plata.  Pero  ésta  se  limita  a


           evitarla sin esfuerzo de un salto que la eleva por los


           aires  a  una  altura  imposible  merced  a  la  baja


           gravedad y lanzar un bastonazo contra Mieli, que lo


           esquiva  rodando  antes  de  ejecutar  una  voltereta,


           aterrizar de pie y proyectar un puño contra la tzaddik,


           que lo bloquea dolorosamente con el bastón y…




           —Basta ya. Y va por las dos.



           El  ladrón  empuña  un  arma,  un  primitivo  artilugio


           metálico cuyo exagerado tamaño parece ridículo en


           sus  manos.  Sin  embargo,  salta  a  la  vista  que  es


           peligroso, y no le tiembla el pulso. Por supuesto. Pasó


           mucho  tiempo  rodeado  de  armas  de  fuego  en  la  Prisión.






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