Page 331 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Nada de lo que haces le ha venido nunca bien a
nadie —dice Raymonde.
Extiendo las manos, le dedico una pequeña
reverencia y parto al encuentro del detective.
Isidore está alerta mientras deambula de un lado para
otro, observando, deduciendo; no es difícil distinguir
las pautas sociales que fluyen bajo la corriente de
gevulots. Ahí está el compositor responsable de la
música que tocarán los Aletargados esta noche, con su
sed de cumplidos; allí, un Aletargado activista de la
resurrección se esfuerza por conseguir que Unruh
realice un donativo para la causa. Isidore procura
sentir más que ver, acariciando su entorno con las
yemas de los dedos de su intelecto, leyendo un Braille
de realidad que siempre ha estado a su alcance,
buscando cualquier cosa que parezca fuera de lugar.
—Buenas noches.
Isidore levanta la cabeza, interrumpida su
concentración. Ante él se ha plantado un tipo moreno
con una corbata blanca, de edad indeterminada, algo
más bajito que Isidore. El chaleco del desconocido
rutila —ostentosamente, en opinión del detective—
tachonado de Relojes ornamentales dorados y, a pesar
de la tenue iluminación que proporcionan las
luciérnagas, lleva puestas unas gafas tintadas de azul.
Le adorna la solapa una flor escandalosamente roja, y
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