Page 378 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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para  propagarlo.  Isidore  la  lleva  con  él  en  su


           bandolera,  envuelta  sin  peligro  en  una  burbuja  de


           materia inteligente.



           Aunque  no  ha  dormido,  los  pensamientos  que  se


           suceden  vertiginosos  en  su  cabeza  le  impiden


           descansar. Y cada vez que piensa en el ladrón, siente


           un cosquilleo de vergüenza en el estómago. Estaban


           tan  cerca,  cara  a  cara…  y  consiguió  llevarse  la


           apariencia de Isidore y su anillo de entrelazamiento.


           Cómo se produjo la suplantación de identidad es otro


           misterio. Que Isidore sepa, el ladrón no debería haber


           sido  capaz  de  acceder  a  su  gevulot,  de  ninguna


           manera.



           Para colmo de males, el ladrón tampoco dejó ninguna


           huella  de  su  paso  en  la  exomemoria  del  jardín:  la


           única vez que aparece sin una máscara de gevulot es


           cuando  habla  con  Isidore.  Y  está  claro  que  puede


           alterar su físico a voluntad. Ocioso, se pregunta si una


           parte  de  la  intranquilidad  que  siente  podría  ser


           miedo:  quizá  le  Flambeur  esté  por  encima  de  sus


           posibilidades.




           Se detiene un momento bajo uno de los cerezos de la


           avenida  y  aspira  la  fragancia  de  las  flores  para


           despejarse  la  cabeza.  Lo  único  que  distingue  a  su


           adversario  de  un  vulgar  pirata  de  gógoles  es  su


           reputación y una cierta elegancia. En alguna parte, le







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