Page 373 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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joven, con el pelo negro peinado hacia atrás. Ha
dejado su gabardina doblada en el respaldo de la silla,
y lleva las mangas de la camisa enrolladas. Su sonrisa
deja al descubierto una reluciente hilera de dientes
afilados.
—Pensé que ya iba siendo hora de que charláramos
un rato —dice.
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El detective y el arquitecto
ISIDORE contempla el cadáver de Unruh por
segunda vez. El milenario parece menos en paz
muerto que la noche anterior: una mueca espantosa le
deforma el pálido semblante, y presenta marcas rojas
en la frente y las sienes. Tiene los dedos crispados
como garras.
Hace frío en la cámara de la cripta, y el aliento de
Isidore forma nubes de vaho. El gevulot cerrado del
lugar hace que todo parezca irreal y escurridizo, y el
silencio de los tres Resurrectores que lo han escoltado
hasta aquí tampoco ayuda. Las figuras ataviadas con
túnicas rojas, con el rostro oculto por el gevulot y las
tinieblas, hacen gala de una inmovilidad
sobrenatural, sin mover un músculo ni respirar
siquiera, a simple vista.
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