Page 375 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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También hay trazas de extrañas células artificiales —


           mucho  más  complejas  que  las  de  cualquier  cuerpo


           biosintético de la Oubliette— bajo las uñas de Unruh,


           signos inconfundibles de forcejeo. Y las marcas de su


           cabeza y los daños residuales en su cerebro muerto


           denotan una transferencia forzosa.



           —¿Sería  posible  traerlo  de  vuelta,  tan  sólo  un


           momento? —pregunta Isidore a los Resurrectores—.


           Su testimonio nos vendría bien para averiguar qué ha


           pasado aquí exactamente. —No le sorprende que los


           guardianes  del  inframundo  ataviados  de  rojo


           guarden  silencio  por  toda  respuesta:  no  están


           dispuestos a contravenir las leyes de la resurrección


           bajo  ningún  concepto,  ni  siquiera  para  resolver  un


           delito.



           Deambula de un lado a otro por la cámara, pensativo.


           Uno  de  los  Resurrectores  está  atendiendo  al


           Aletargado que resultó herido en el combate con el


           cómplice del ladrón. Isidore ya ha inspeccionado la


           bala, una diminuta esquirla de diamante. Cualquiera


           que  fuese  la  estructura  interna  que  poseyó  alguna


           vez, ahora se ha fundido en una masa compacta.




           Lo  que  le  preocupa  es  la  ausencia  de  un  móvil.  El


           incidente  de  la  fiesta,  y  ahora  esto:  no  guarda  la


           menor relación con los casos de piratería de gógoles


           sobre  los  que  ha  leído  o  en  los  que  ha  estado







                                                                                                            375
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