Page 379 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Flambeur  habrá  cometido  un  error,  e  Isidore  se


           propone encontrarlo.



           Rechinando los dientes, encamina sus pasos hacia las


           callejuelas  de  la  avenida,  en  pos  de  un  taller  de


           Relojería.



           —Interesante  —murmura  el  Relojero,  con  los


           párpados entornados tras el gran monóculo de bronce


           con el que está observando el Reloj de Unruh—. Sí,


           creo que puedo decirte cómo lo hizo.




           La  lente  del  monóculo  parpadea  con  información


           digital. El Relojero es un tipo larguirucho, de mediana


           edad,  con  una  camiseta  negra  sin  mangas,  el  pelo


           azul,  un  bigotillo  ralo  y  las  orejas  cargadas  de


           implantes  y  pendientes.  Su  establecimiento  es  un


           cruce entre un laboratorio de física cuántica y un taller


           de horología, repleto de estilizadas cajitas que emiten


           un zumbido incesante bajo los hologramas que flotan


           sobre  ellas,  y  de  montoncitos  de  herramientas  y


           engranajes diminutos pulcramente ordenados encima


           de los bancos de trabajo de madera. Suena una música


           violenta  de  fondo,  y  el  Relojero  sacude  la  cabeza


           frenéticamente  arriba  y  abajo  al  compás  mientras


           trabaja. Cuando Isidore le contó la historia de Unruh,


           se mostró encantado de ayudar, aunque requiere algo


           de esfuerzo ignorar las ocasionales miradas lascivas


           que lanza al muchacho.







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