Page 391 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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en la garganta. Uno de los Sebastianes le enseña una


           aguja diminuta.



           —Nos vamos a quedar con tu mente, matacopias —


           dice—. Fue una suerte descubrir cómo era tu aspecto.


           Dimos gracias a Fedorov cuando vimos el periódico.


           Ahora  vas  a  gritar,  igual  que  el  chocolatero  en  los


           recuerdos  de  mi  hermano.  Reza  para  que  los


           Fundadores, en su infinita sabiduría, te concedan un


           papel en la Gran Tarea Común. Como sistema de guía


           de misiles. O alimento para los Dragones, quizá.



           Isidore  siente  las  puntas  de  los  tentáculos  como


           cortantes besos eléctricos en el cuero cabelludo.




           —Soltadlo —dice una voz ronca, coral.



           El  Caballero  se  yergue  al  fondo  del  callejón,  en  el


           límite mismo de la vista empañada de Isidore, una


           figura negra con un atisbo de plata.



           —Me parece que no —replica el primer Sebastian. Un


           puñado de tentáculos sobresale de su boca como un


           ramillete de serpientes luminosas—. Le estoy tocando


           el cerebro. Ni siquiera tu niebla es más rápida que la


           luz, bruja.



           Luz.  Todos  los  Sebastianes  están  pendientes  del


           Caballero. Con un pensamiento, disuelve la burbuja


           de  puntos‐q  que  contiene  la  rosa  del  ladrón  en  su


           bolsa.  Espero  que  dé  resultado  a  tiempo.  Espero  que








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