Page 390 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Venir a nuestro territorio apestando al inframundo
ha sido un error.
—Ha sido un error acercarte a los sitios que los
ocultos nos pidieron que protegiésemos.
Como soldados adiestrados, dan un solo paso
adelante y desenfundan sus navajas.
Isidore gira sobre los talones y corre, tan deprisa como
puede, buscando algún asidero que le permita sortear
el obstáculo que ha bloqueado el callejón.
El Sebastian patinador lo derriba abalanzándose
sobre él. El aire escapa de los pulmones de Isidore,
que golpea el pavimento con los codos antes de que
su nariz haga lo propio. El mundo se tiñe de rojo por
un momento. Cuando recupera la vista, está tendido
de espaldas, y cuatro efigies de porcelana perfecta se
ciernen en círculo a su alrededor. Algo frío y afilado
presiona contra su garganta. Unas manos lo
mantienen inmovilizado. Desesperado, abre su
gevulot e intenta acceder al canal de emergencia de la
policía de Aletargados. Pero lo siente distante y
escurridizo: los piratas de gógoles están haciendo
algo para frenarlo.
Unos tentáculos de transferencia se contonean sobre
su rostro, como las serpientes de fuegos artificiales de
la fiesta: se los imagina siseando. Nota un alfilerazo
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