Page 394 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 394

Adrián Wu tenía razón. Y percibe un perfume, una


           fragancia vagamente conífera…



           —No te estoy pidiendo que me hagas caso —dice el


           tzaddik—. Tan sólo que tengas cuidado.



           El beso arde aún en su frente cuando Isidore abre los


           ojos.  Lo  envuelve  de  improviso  un  bullicio  de


           actividad  y  voces:  Resurrectores  y  Aletargados


           sanitarios  uniformados  de  blanco  y  rojo.  Pero  el


           tzaddik se ha esfumado. Unas luces deslumbran de


           nuevo  a  Isidore,  que  cierra  los  ojos.  Como  fuegos


           artificiales,  piensa.  Y  con  eso,  justo  antes  de  la


           oscuridad, viene una pregunta.




           ¿Cómo sabía el tzaddik lo de los fuegos artificiales?









           15



           El ladrón y la diosa



           MIELI  y  yo  nos  quedamos  mirando  fijamente  al


           desconocido, que se levanta y se pone la chaqueta.



           —¿A  alguien  le  apetece  un  trago?  —Se  acerca  a  la


           fabricadora y se llena la copa—. Me temo que fui y me


           serví  mientras  esperaba.  Entiendo  que  estáis  de


           celebración,  y  no  me  extraña.  —Da  un  sorbo—.


           Habéis  dado  un  golpe  impresionante.  Lo  hemos


           seguido con interés.








                                                                                                            394
   389   390   391   392   393   394   395   396   397   398   399