Page 393 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Isidore,  hace  tiempo  que  quería  hablar  contigo.


           Para disculparme. Mi juicio después del último caso


           fue…  precipitado.  Presiento  que  tienes  lo  que  hace


           falta para convertirte en uno de los nuestros. Nunca


           albergué  ninguna  duda  al  respecto.  Pero  eso  no


           significa que debas hacerlo. Eres joven. Puedes hacer


           otras  cosas  con  tu  vida.  Estudiar.  Trabajar.  Crear.


           Vivir.



           —¿Por  qué  estamos  hablando  de  esto  ahora?  —


           pregunta Isidore. Cierra los ojos. Le laten las sienes:


           una dosis doble del arma optogenética en menos de


           un día. La voz del tzaddik suena hueca y lejana.



           —Por  esto  —dice  el  tzaddik—.  Porque  no  dejas  de


           resultar herido. Y ahí fuera hay cosas más peligrosas


           que los vasilevs. Déjanos el ladrón a nosotros. Vete a


           casa.  Arregla  las  cosas  con  esa  chica  zoku  tuya.  La


           vida no consiste únicamente en perseguir fantasmas


           y piratas de gógoles.




           —¿Y por qué… debería escucharte?



           El tzaddik no responde. Pero Isidore siente un suave


           roce en la mejilla y, de repente, un beso fugaz en la


           frente, acompañado de la extraña sensación de una


           máscara  plateada  que  se  abre  con  un  movimiento


           fluido.  El  contacto  es  tan  efímero  y  sutil  que,  por


           primera  vez,  Isidore  está  dispuesto  a  admitir  que










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