Page 389 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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desierto. Los edificios que ribetean las calles angostas
parecen dientes podridos. Ante sus ojos, el patinador
desaparece, convirtiéndose en un borrón de gevulot.
Isidore aprieta el paso.
Transcurrido un minuto, oye pasos que lo siguen. Al
principio cree que el sonido pertenece a una sola
persona, pero cuando se detiene a escuchar, los ecos
indican sin lugar a dudas que sus perseguidores son
varios y caminan en perfecta sincronía, como
soldados. Acelera para salir de la calle principal y se
adentra en una callejuela, tan sólo para ver cómo el
lento deambular del Laberinto tapona el otro extremo
y lo convierte en un callejón sin salida. Al girarse, ve
a los cuatro Sebastianes.
Todos se parecen al novio de Élodie: dieciséis años,
rasgos perfectos, cabello rubio, el atuendo ceñido con
influencias de los zokus propio de los jóvenes
marcianos. Al principio sus rostros se muestran
inexpresivos, hasta que todos sonríen a la vez y sus
bocas se deforman en fríos tajos crueles.
—Hola, matacopias —dice uno de ellos.
—Ahora te reconocemos —dice el segundo.
—No deberías…
—… meter la nariz donde no te llaman —termina el
cuarto.
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