Page 392 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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funcione  con  ellos.  Abre  su  gevulot  al  caballero,  lo


           suficiente para mostrarle la superficie de sus procesos


           cognitivos. Fuegos artificiales, piensa para el tzaddik.


           Luz.



           —De hecho, puedes oír sus gritos…



           Se  produce  un  estallido  deslumbrante,  seguido  de


           una caída interminable hacia la oscuridad.




           Al cabo, regresa la luz. Algo blando acuna a Isidore.


           Los rostros de los Sebastianes todavía titilan ante sus


           ojos, pero transcurrido un momento comprende que


           sólo es el suyo, reflejado en la máscara del Caballero.



           —No intentes hablar —dice el tzaddik—. La ayuda


           está en camino. —Isidore flota en el aire, sostenido


           por un mullido colchón de algo: parece más cómodo


           que su propia cama.



           —Déjame adivinar. ¿Es la segunda cosa más estúpida


           que has visto en tu vida?



           —No exactamente.



           —Tienes el don de la oportunidad —dice Isidore—.


           Podrías haber acudido a la fiesta de anoche.



           —No  podemos  estar  en  todas  partes.  Supongo  que


           esta temeraria búsqueda tuya guarda alguna relación


           con el infame invitado sin invitación.



           Isidore asiente con la cabeza.









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