Page 450 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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adelante. Debes ponerte a salvo. La colonia zoku es el
lugar más seguro. Quédate allí, con Pixil. Las cosas
van a ponerse muy feas aquí.
—Pero…
—No vamos a discutir al respecto. Vete ahora mismo
si no quieres que te lleve yo.
Vuelve a transformarse en el Caballero y despega
antes de que Isidore pueda seguir protestando.
Se queda observándola unos instantes. Se sienta de
nuevo. Está acostumbrado a que el suelo se mueva
bajo sus pies —el delicado y constante bamboleo de la
ciudad—, pero esto es como tambalearse al filo de un
inmenso abismo que acabara de abrirse ante él.
Intenta aferrarse a la forma de su mente, pero su
corazón late tan deprisa que le cuesta mantener la
concentración…
La tierra se estremece. Resuena un chirrido
ensordecedor. El empedrado de la plazoleta se
abomba. Isidore cae al suelo, protegiéndose el rostro
con los brazos. La inmensa maquinaria del
inframundo retumba, y por un momento es como si
la ciudad fuera una fina capa de vida sobre la piel
rugosa de alguna criatura gigantesca que estuviera
sacudiéndose, irritada por una picadura de abeja.
Termina igual que empezó, de improviso. La máquina
del ladrón.
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