Page 451 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Estremecido  aún,  Isidore  se  levanta,  parpadeando


           para  despejarse  la  cabeza,  y  empieza  a  correr  en


           dirección al Laberinto.



           Los ecos del temblor resuenan por toda la ciudad. Los


           daños han sido cosméticos en su mayor parte —los


           edificios  cuentan  con  esqueletos  de  materia


           inteligente—,  pero  la  ciudad  se  ha  detenido.  La


           Avenida Persistente comienza a llenarse con el clamor


           de la multitud: el aire está cargado con los murmullos


           de preocupación de miles de voces humanas. Algo ha


           ocurrido en el Laberinto: una nube de polvo se eleva


           arremolinándose hacia el firmamento por encima de


           los tejados. Y tras ella se cierne una nueva estructura,


           una aguja negra de cientos de metros de altura.



           Isidore  intenta  abrirse  paso  a  través  de  la


           aglomeración de gente. Los escudos de gevulot están


           abiertos  en  la  confusión.  Por  todas  partes  se  ven


           rostros  atónitos,  sonrisas  nerviosas  y  miedo


           contenido.




           —Otro  condenado  proyecto  de  arte  —masculla  un


           tipo  mal  encarado  con  la  cabeza  cubierta  por  una


           máscara de tela de araña, apoyado en su aracnotaxi


           varado  en  tierra—.  En  mi  opinión,  se  trata  de  otro


           condenado proyecto de arte.



           —¿Podría llevarme allí arriba? —le pregunta Isidore.










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