Page 456 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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zokus un aspecto estirado y surrealista. Todo parece
moverse, plegarse sobre sí mismo, metamorfosearse.
La turba avanza hacia allí por las calles de abajo, pero
parece probable que sus intenciones se vean
frustradas. Esto no puede entrar en los planes de los
criptarcas, piensa Isidore. No van a librarse de ellos con
un simple linchamiento…
—Bueno, ya está —dice el conductor—. ¿Quieres que
dé la vuelta? No vamos a atravesar eso.
—Acérqueme cuanto pueda.
El taxista lo deja en una callejuela, al borde del campo
de puntos‐q. Parece una pompa de jabón imposible,
finísima e inmensa, que se curva hacia el cielo como
un iridiscente horizonte vertical.
—Buena suerte. Espero que sepas lo que haces. —El
aracnotaxi despega de nuevo; sus patas arrancan
chispas del pavimento cuando se eleva de un salto.
Isidore toca la burbuja. Parece insustancial y viscosa
al tacto, pero cuanto más fuerza ejerce contra ella, más
resistencia ofrece. Los empujones terminan
resbalando sobre su superficie. Se acuerda de Pixil.
Déjame entrar. Pero no obtiene respuesta.
—Quiero hablar con la Veterana —dice en voz alta—
. Sé lo de la Corona.
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