Page 485 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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estela de incendios a su paso —armas de
nanotecnología autorreplicante— y los círculos de
llamas se propagan entre la masa enfurecida. ¿Qué les
ha hecho cambiar de opinión?, se pregunta Mieli, sin
tiempo para reflexionar.
—¡Vamos! —le dice a Raymonde—. ¡Aún no está todo
perdido! —Apretando los dientes, extiende la
bayoneta‐q del cañón y carga contra la masa de
Aletargados que se interpone en su camino.
La muchacha zoku corta mis ataduras. El detective ya
ha salido corriendo en pos del gato, y yo detrás de él.
La criatura se ha perdido de vista, y me precipito a
ciegas en la dirección que creo que siguió, sorteando
más autómatas mnemotécnicos.
Entonces lo veo, en una pequeña galería, sobre una
mesa de un solo pie hecha de madera oscura: un
objeto negro sin adornos que podría contener un
anillo de bodas. La caja de Schrödinger. Experimento
la misma tentación que hace veinte años, cuando
descubrí que obraba en poder de la colonia zoku,
irresistible. Con cuidado, entro y la cojo, esperando
que salte alguna trampa. Pero no ocurre nada.
Aprieto el puño y salgo de nuevo al pasillo.
El detective y la muchacha zoku regresan a la carrera.
—Lo siento —dice el detective—. Se nos ha escapado.
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