Page 480 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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improviso, se quita el sombrero y hace una reverencia
con una floritura mecánica.
—Buenas tardes, amo —dice con voz atiplada,
rechinante—. Bienvenido.
Nos encontramos en la galería principal de un
palacio. Hay cuadros colgados en las paredes
cubiertas de pan de oro, y en el techo relucen unos
candelabros de cristal. Los grandes ventanales se
abren a una terraza italiana y permiten que el sol
dorado de la tarde entre a raudales, confiriéndole a
todo un tinte ambarino. Estoy al mismo nivel que el
gato, encorvado en el suelo. Mi pierna ya no es un
muñón, por suerte. Al igual que Le Roi, mi atuendo
es el de un antiguo cortesano, con faldones, botones
de bronce, unos pantalones ridículamente ajustados y
camisa con chorreras. Pero la reverencia del gato va
dirigida a él. Y todavía empuña el revólver.
Me tenso, dispuesto a saltar, pero se me adelanta. Me
cruza la cara con la culata del arma; curiosamente, el
dolor es más real aquí que en el mundo real. Siento
cómo el metal me lacera la piel y el pómulo, y a punto
estoy de perder el conocimiento. Se me llena la boca
de sangre.
Le Roi me da un empujoncito con el pie.
—Llévate a esta criatura —dice—. Y búscame algo
que ponerme.
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