Page 481 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El gato se inclina de nuevo y junta las patas una sola


           vez.  La  palmada  resulta  apenas  audible,  pero  hay


           pasos a lo lejos, y se abre una puerta.



           Con esfuerzo, me siento y escupo a los pies de Le Roi.



           —Cabrón. Te esperaba. En este sitio hay trampas de


           las que no sabes nada. Ya lo verás.




           —Venga  ya,  qué  intento  más  patético,  indigno  de


           nosotros —dice Le Roi—. Considérate afortunado por


           entretenerme lo suficiente como para que te perdone


           la vida. Como un recuerdo lejano, tal vez.



           Gesticula  con  el  arma,  y  unas  manos  fuertes  e


           inexorables  me  levantan  del  suelo  y  empiezan  a


           alejarme a rastras. Figuras de cera: un hombre vestido


           con un traje del siglo XX, de grueso mostacho, y una


           mujer  que  no  reconozco,  con  atuendo  de  doncella.


           Ambos  tienen  los  ojos  de  cristal  y  los  rostros


           amarillentos,  esculpidos  con  torpeza  en  la  cera.


           Forcejeo, pero no soy rival para su fortaleza mecánica.



           —¡Soltadme! —exclamo—. ¡Yo soy vuestro amo, no


           él! —Pero es evidente que la pistola confiere a Le Roi


           una carga de autoridad que a mí me está vetada—.


           ¡Malnacido! ¡Vuelve y pelea!



           Las criaturas me arrastran por un pasillo flanqueado


           por  puertas  abiertas.  Parece  haber  cientos  de  ellas:


           dentro,  silenciosas  figuras  de  cera  representan








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